Pasar más horas en el trabajo no quiere decir trabajar más

Es una verdad de perogrullo para cualquier experto en recursos humanos. Pero nuestro país, no contento con ser líder en desempleo se empeña en serlo también en el tiempo que pasan los que sí lo tienen en su puesto de trabajo. Lo de calentar la silla después del horario laboral es una costumbre sui generis del empleado iberíco, rara avis dentro del ecosistema europeo.

Hay quien achaca el hábito de terminar la jornada laboral pasadas las ocho de la tarde, cuando daneses, noruegos o británicos ya están pensando en irse a la cama, a nuestro carácter latino, como si una maldición genética nos obligara a entrar tarde en la oficina, dedicar dos o tres horas a la comida y tener que parar dos o tres veces para tomarse un café con algún compañero para no reprimir nuestra connatural sociabilidad.

Pero sobran argumentos para descartar que pasar más horas en el trabajo equivalga a trabajar más, o a ser más productivos. El intentar demostrar al jefe el “compromiso” con la empresa por aferrarse a la silla hasta bien entrada la noche muchas veces lo que evidencia son las propias carencias. Y, aunque todavía queda un buen trecho por recorrer, el perfil del directivo español ha ido perdiendo caspa en los últimos tiempos, y  -mejor cualificado- valora la calidad y la profesionalidad antes que la cantidad o el servilismo.

Conciliar vida personal y familiar con el trabajo es una de las asignaturas pendientes del modelo laboral patrio. Esto es lo que viene defendiendo desde hace tiempo la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que acaba de celebrar un congreso en San Sebastián. Una de las conclusiones a las que se ha llegado es que mejorar los horarios laborales “es bueno para las empresas y para las personas” ya que puede ayudar a “aumentar la productividad” y “facilitar la conciliación”.

Las empresas que se digan responsables no pueden permitir las maratonianas jornadas de trabajo por sistema. Entre las principales razones, porque afecta a su principal activo, los empleados, así como a sus familias, por no mencionar el aumento del gasto en consumo energético que conlleva la prolongación de los horarios de trabajo, que perjudica el medio ambiente.

Si nos paramos a reflexionar, no existe ningún motivo para perpetuar este mal hábito, y al igual que se han erradicado otras constumbres que se antojaban imperecederas,  es fundamental acabar con las largas jornadas de trabajo por la salud de la sociedad.

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