Y sin embargo no embargamos

A propósito del embargo de la UE al petróleo iraní, se me ocurre porqué nosotros, los consumidores, no hacemos lo mismo. No me refiero a no comprar más barriles al país tiranizado por Ahmadineyad (¿lo habré escrito bien?). La inmensa mayoría de los mortales pasamos de las importaciones de crudo y nos limitamos a introducirlo -ya refinado- por medio de una manguera en nuestros vehículos. Por cierto, la del surtidor donde reposto habitualmente debe estar picada, pues siempre echo la misma cantidad de dinero y sin embargo – y con embargo también- la aguja cada vez marca menos cantidad…

A lo que iba, que si la UE veta el petróleo del país persa porque no está de acuerdo con su programa nuclear con uranio enriquecido, y a todos nos parece genial, indiscutible, obvio, lógico, normal, un acierto, etc. porqué no hacemos lo mismo, a título particular, y castigamos, dejando de ser sus clientes, las conductas irresponsables, por ejemplo, del banco que utiliza nuestros ahorros para invertir en armas, de la multinacional agroalimentaria que nos endosa fruta madurada a base de transgénicos y pesticidas, de la firma de moda que explota a sus trabajadores en talleres clandestinos en países empobrecidos, de la papelera que arrasa con los bosques de Indonesia, etc…

Vaya, que porqué no embargamos, que empecemos a embargar de una vez, antes de que sea demasiado tarde, que hay formas alternativas de consumir sin perjudicar a nadie o haciéndolo muchos menos de lo que nos han inculcado en un sistema de compra, usa y tira, y no se te ocurra reducir, reciclar, reutilizar, reparar… No vaya a ser que la rueda se detenga -perroflauta- y la economía se hunda y te quedes sin empleo.

Anda, ¿pero si la economía está peor que nunca y el paro también? A lo mejor es que este modelo al que obedecemos a ciegas no es tan perfecto como nos venden. Bueno, para esas grandes compañías que no cesan de obtener pingües beneficios no dudo que sí, pero no para el que in”vierte” el petróleo en el coche  y cruza los dedos para que la aguja caiga hacia la derecha lo máximo posible, o el asalariado al que le suben los impuestos y los precios y congelan su sueldo, o ya ni te cuento para las comunidades de países en vías de desarrollo a las que despojan de sus tierras y contaminan su entorno.

Lo dicho, ¡ciudadanos del mundo, embargad!

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