Compartir coche, más barato, ecológico y razonable

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El coche compartido es una forma de viajar más ecológica y económica

Cuando llegué a Madrid y empecé a presenciar kilómetros de retenciones en las carreteras todos los días en las horas punta me preguntaba cómo era posible que hubiera tanta gente dispuesta a coger el coche todas las mañanas y sumarse al mismo atasco para llegar al trabajo, y volverse a encontrar la procesión de vehículos a la vuelta del mismo. Eso, cinco veces por semana.

¿No había otra alternativa a chuparse cada día dos horas de cola en la carretera? ¿Cómo podrían levantarse de la cama cada mañana con la certeza de que en un ratito estarían parados en la M-40 o en la M-30, arrancando y volviendo a parar, aspirando todo ese asqueroso humo?.

Lo que me chocaba además, era -salvo excepciones- la normalidad con la que lo llevaban, como una especie de resignación, de mal menor. También que prácticamente en el 90% de los vehículos iba solamente una persona. ¿Pensarían que es un signo de modernidad? ¿Tal vez de estatus? ¿De verdad no les quedaba otra? Cuando el pasado verano visité Sao Paulo, donde lo habitual es pasarse cuatro horas al día atascado en la vía pública, constaté que la civilización caminaba en claro retroceso.

Aparte del transporte público,mejorable pero todavía recomendable pese a los esfuerzos de ciertos políticos por debilitarlo, me reconcilian con el género humano, en lo que a movilidad a motor se refiere (en mi ciudad ideal la bicicleta tendría un papel protagonista) iniciativas como el carpooling, esto es, compartir coche con personas con las que contactas a través de Internet. Una forma de viajar más barata y menos contaminante, que además favorece la descongestión del tráfico y por tanto la movilidad.

El coche compartido es una práctica más del denominado consumo colaborativo, que refleja un cambio de tendencia desde el consumo individualizado a fórmulas de intercambio, trueque o uso compartido potenciadas por las redes sociales. Los huertos colectivos, el coworking (oficina compartida) o los bancos del tiempo son otros ejemplos de este estilo de vida. Sin salir del ámbito del automóvil también cobra fuerza el “car sharing, esto es, compartir coche dentro de un sistema de alquiler de periodos cortos.

En plataformas como Carpooling o Blablacar puedes ofrecer las plazas vacías de tu coche en tu próximo desplazamiento o encontrar alguna en el de otra persona a un precio fijado. Si viajar con desconocidos supone una barrera, es posible contactar previamente con tus compañeros de viaje o buscar referencias por medio de las redes sociales.

Blablacar acaba de superar el millón de asientos libres en su comunidad para compartir coche. Solamente esta pequeña empresa ha conseguido evitar la emisión de 500.000 toneladas de CO2 a la atmósfera y ahorrar 183 millones de euros en costes.

Nos costará deshabituarnos a la comodidad de disponer de nuestro coche en exclusiva, pero, al menos en las grandes ciudades, o nos decantamos por otros modelos alternativos de movilidad, o acabaremos desquiciados, intoxicados, arruinados o las tres cosas a la vez.

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