De PIVEs, PIBEs y atascos

coches-trafico--644x362Los atascos son una muestra de que nuestra sociedad no ha avanzado tanto como pensamos. Una evidencia más de que no somos tan listos como nos creemos. Una especie de cura de humildad. Podemos tener un aparato electrónico que pese menos que una  pluma capaz de hacer vídeos de gran calidad y compartirlos para que los vea al instante un señor en Japón. Pero también somos capaces de tardar una hora en hacer un recorrido de 25 kilómetros en autovía.

Sin embargo, pese a estos “inconvenientes” del tráfico habituales sobre todo en las grandes ciudades,  no se plantea un debate político serio donde se ponga en cuestión  la aparentemente inquebrantable  hegemonía total del coche, en concreto de su uso privado, ante los graves problemas de movilidad que ocasiona y la contaminación que genera.

Todo lo contrario, los gobernantes fomentan de forma clara el vehículo privado como principal medio de transporte. En el ámbito local subiendo las tarifas del transporte público, reduciendo su frecuencia o marginando al ciclista,  y en el nacional incentivando la compra de coches mediante iniciativas  como el plan PIVE (Programa de Incentivo al Vehículo Eficiente). Por no hablar del chorreo de dinero que las administraciones inyectan a las firmas automovilísticas cuando estas insinúan la posibilidad de trasladar sus centros de producción a otros países en aras de la competitividad.  En 2012 se concedieron en España 212 millones de euros en ayudas públicas al sector de la automoción repartidas en 116 empresas, lo que por lo visto no es suficiente para que algunas de ellas eviten los ERES.

Por eso no es extraño que surjan reivindicaciones como la de www.ecomovilidad.net , a quien no le falta razón cuando solicita al gobierno un plan PIVE para bicicletas eléctricas, si lo que busca con estas ayudas, como dice, es mejorar la eficiencia de los vehículos, disminuir la accidentalidad y la contaminación. Lo que en realidad sería un “plan PIBE” (Programa de Incentivo a la Bicicleta Eléctrica). La propuesta tal vez peque de demasiado inocente: ¡con lo que les gusta a nuestros políticos ponerse la bata y hacerse la foto en la factoría de turno!

Impresiones verdes de unos días en Copenhague

Este verano he tenido la oportunidad de visitar Dinamarca. Más que su pasado vikingo, sus castillos capaces de inspirar al mismísimo Shakespeare o haber podido seguir las huellas de Hans Christian Andersen, lo que me ha cautivado del país nórdico es su envidiable presente y su prometedor futuro, cimentados ambos sobre una premisa fundamental: la sostenibilidad.

Muchos son los países a cuyos mandatarios se les llena la boca al hablar de desarrollo sostenible, de respeto al medio ambiente, de preservación de la biodiversidad, promoción de las energías limpias y un largo etcétera de buenas intenciones. En Dinamarca la preocupación por la sostenibilidad es una hecho fehaciente. En pocos lugares puede palparse una conciencia ecológica tan asentada en el modo de vida de una sociedad, como en el caso de la danesa, que demuestra con hechos y hábitos cotidianos su voluntad de procurarse un entorno más habitable.

Esa inquietud es aún más evidente en la capital, Copenhague, que recientemente ha sido designada Capital Verde Europea 2014 . Una ciudad monumental, con preciosos canales y puerto, abierta y tolerante, en la que conviven más de un millón de personas y donde las bicicletas han relegado a los coches, a un segundo plano. Un 35% de sus habitantes utiliza la bici como medio de transporte habitual y el objetivo es que en 2015 lo haga el 50%.

Estos son algunos de los “ecogestos” que fueron sorprendiéndome durante mi estancia.

La bicicleta, protagonista de la calzada. Nunca había visto tantos kilómetros de carril bici en una ciudad, y además espacioso (no como algunos que se ven por aquí, donde si te cruzas con otra los manillares se chocan). En ciertas calles del centro, ocupaba más que los carriles para vehículos a motor. No es extraño por tanto que Copenhague sea la capital europea con menos contaminación y en la que se disfruta de un aire más limpio (al menos de las que he visitado).

– Productos ecológicos en cualquier tienda y a “buen precio”. Copenhague es una ciudad con un alto nivel de vida y para un español bastante cara. No obstante, se pueden encontrar en cualquier supermercado productos de alimentación ecológicos a precios similares a los convencionales.Incluso los perritos más famosos de la ciudad son orgánicos, así como las patatas, el zumo o los helados que se venden en uno de los puestos del Tívoli (el céntrico y popular parque de atracciones de la ciudad).

Comercio Justo como algo cotidiano. Tampoco es nada raro que el azucarillo del café que pidas en un bar sea de Comercio Justo, o la fruta del desayuno. Incluso pueden encontrarse tiendas de Comercio Justo en las zonas más concurridas de las ciudades, con bastantes artículos que, al cambio, curiosamente, resultan más baratos que en España, por lo que para un danés el precio en este tipo de establecimientos solidarios es bastante conveniente.

Máquina para reciclar envases

Reciclaje de envases. Cada vez que compras una botella de agua  (no sé si en otros envases, supongo que sí, ocurre lo mismo) el precio incluye un plus por el envase, que se reembolsa cuando lo devuelves. En el “super” encontrarás una máquina para depositar tu envase y recuperar el importe.

Energía renovable. La apuesta por las energías limpias se hace patente en el puerto, donde la presencia de molinos de viento domina el paisaje. El gobierno danés se ha propuesto como objetivo que toda la energía que consuma en 2035 proceda de fuentes renovables

¡No hay especulación inmobiliaria! Si bien me contaron que en los últimos años había subido bastante el precio de la vivienda, en los carteles que anuncian la venta de casas los precios son bastante similares a los de España, donde los sueldos son mucho más bajos.

Tolerancia en la Christiania. Hoy mezcla de comuna hippie y atracción turística, esta ciudad libre autogobernada desde los 70′ ubicada en el centro de Copenhague y autodeclarada territorio fuera de la UE simboliza la tolerancia de la sociedad danesa,  en cuya cultura ejerce una importante influencia .

Sin embargo, no todo será de color de rosa en este país cuando también te topas con “indignados” de “mani” hacia el Parlamento reclamando que vuelva la democracia al ritmo del “They dont care about us” de Michael Jackson. Eso sí, ahí sí que eran cinco o seis, y no en las españolas, por mucho que se empeñen los medios de comunicación.