Construcción y salud: tomemos conciencia

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@ Stuart Miles/FDP

La relación entre salud y otros ámbitos como la alimentación o la actividad física  es conocida y está bastante extendida entre la población. No lo es tanto, sin embargo, respecto a la construcción, aunque nos pasemos la mayor parte de nuestra vida en espacios cerrados, cuyo ambiente interior afecta a nuestro organismo.  Los edificios están en el origen de algunas patologías de distinta gravedad. De ahí que la Organización Mundial de la Salud (OMS) definiera en 1982 el Sick Building Syndrome o Síndrome del Edificio Enfermo (SEE)”.

El SEE es el nombre que se da al conjunto de molestias y enfermedades que presentan  los  individuos en estos edificios, y que mejoran o desaparecen al abandonarlo. Incluye un grupo de síntomas de vías respiratorias, dermatológicos, oculares y sistémicos. Desde 1970 se han descrito casos en lugares de trabajo, escuelas, hospitales y también domicilios. Se puede hablar de que un edificio está enfermo cuando estos problemas afectan a más del 20% de sus ocupantes.

La OMS diferencia entre dos tipos distintos de edificio enfermo. El que presentan los edificios temporalmente enfermos, donde se incluyen construcciones nuevas o de reciente remodelación en los que los síntomas disminuyen y desaparecen con el tiempo, aproximadamente medio año; y el que presentan los edificios permanentemente enfermos, cuando los síntomas persisten, a menudo durante años, a pesar de haberse tomado medidas para solucionar los problemas.

Las causas se encuentra en el uso de determinados materiales, sistemas e instalaciones. Suele tratarse de edificios modernos y herméticos, con ventilación inadecuada, donde predominan las estructuras y materiales metálicos, se emplean materiales de construcción y limpieza sintéticos y electrostáticos,  hay contaminación electromagnética y la iluminación -en su mayor parte artificial- es inapropiada.

Entre las afecciones que provocan estos espacios a la salud se hallan la irritación de ojos, nariz y garganta, la sequedad en mucosas y piel, lagrimeo, fatiga, cefaleas, mareo, somnolencia o ansiedad.

Por eso, es importante tomar conciencia de las repercusiones que tiene en nuestra salud elegir unos u otros materiales a la hora de construir o reformar nuestra casa. Tanto en los materiales utilizados para la estructura, aislamientos, revestimientos, instalación eléctrica, tuberías, pinturas e incluso mobiliario o productos de limpieza, existen opciones que evitan estos riesgos y procuran un hogar con un ambiente sano. El espacio en el que vivimos o trabajamos puede ser favorable, inocuo o perjudicial para la salud. Como dijimos en el anterior post, la bioconstrucción es un campo extenso relacionado con muchas disciplinas, entre ellas, la Medicina. Muestra de ello, es este congreso recientemente celebrado en San Sebastián.

 

 

 

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Bioconstrucción, la forma ecológica de entender las casas

Cada vez oímos hablar más de bioconstrucción, pero ¿qué significa realmente? Para empezar diremos que el nombre procede de “baubiologie”, término de origen alemán formulado por el profesor Anton Schneider en 1969 para referirse a un concepto global de biología de la edificación. Considera al edificio como un organismo vivo, con el que las personas nos relacionamos. Así, la bioconstrucción se definiría como el estudio de esa interrelación holística entre humanos y el medio donde viven.  “Un arte donde se realiza una simbiosis entre construcción y naturaleza“, según el arquitecto Ángel Martínez.

La bioconstrucción es una forma de construir respetuosa con el medio ambiente, que se adapta al clima de la zona y en la que se utilizan materiales de bajo impacto ambiental,  naturales, renovables, reciclados, reciclables,  y no tóxicos ni en su fabricación ni en su vida útil, por ejemplo la piedra, la tierra o la madera. Integra el ámbito de la construcción con otros aspectos como la ecología, la salud o el bienestar. Propone la racionalidad en la edificación priorizando la sencillez, proporcionando edificios armoniosos con el entorno y las personas que lo habitan. Por ello tiene en cuenta cuestiones como la calidad del aire interior, el aprovechamiento de los recursos naturales disponibles (sol, vegetación, viento…) para disminuir el impacto ambiental y ahorrar energía. Así, con sentido común y aprovechando los recursos disponibles, construyeron sus hogares nuestros abuelos desde tiempos inmemoriales. cob house journal

Si bien estamos más habituados a la piedra o incluso a la madera, existen otros materiales menos conocidos que también se utilizan en bioconstrucción: neumáticos y sacos rellenos de tierra,  superadobe, paja, el tapial (muros de tierra compactada dentro de un encofrado), el adobe o el cob (mezcla de tierra, agua y paja). Mencionar asimismo la arcilla, la cal aérea y el yeso natural para revocos.

En aras de disminuir al máximo el consumo de energía, los aislamientos son fundamentales en este tipo de construcción. Se utilizan  elementos como celulosa, corcho, fibra de madera, cáñamo, algodón o lana de oveja. En cuanto a las pinturas, han de ser ecológicas, elaboradas con materias primas naturales de origen vegetal o mineral, y libres  de sustancias perjudiciales para la salud y el medio ambiente.

Como disciplina ampliamente relacionada con muchas otras áreas, la bioconstrucción es un campo muy extenso, interesante y poco conocido por el gran público. Seguro que en este blog volveremos a hablar de esta forma de construir sostenible y beneficiosa para las personas, con el objetivo de adentrarnos en algunos de sus principios y conceptos.

Miguel Vega/Responsablemente