La RSC de Apple a escena

Steve Jobs Daniel Muriel teatro“Más pallá que pacá” como suele decirse, pero con ciertas ganas de saber lo que ha dado de sí el día en el único informativo decente de la televisión, por abordar temas que de verdad importan y por cómo lo hacen – por cierto, que La 2 Noticias tenga todavía un hueco en la actual televisión pública solo puede obedecer a que a esas horas los censores duermen el sueño de los justos- impide que caiga en el mío la pieza sobre una obra de teatro acerca de Apple y las condiciones de trabajo de sus proveedores en China.

Me sorprende no sólo que este asunto tan conocido y de tanta actualidad en el ámbito de la RSC sea llevado a un escenario en España sino también por quién lo hace, pues el rostro del único actor lo asocio a burdos sketches de casposos programas de José Luis Moreno.

Compruebo que, efectivamente, el que habla de Steve Jobs y del trabajo infantil en las fábricas chinas de Foxconn es Daniel Muriel, el marido joven de Escenas de Matrimonio, y me froto los ojos para seguir escuchando que la obra plantea al espectador la gran pregunta del consumo responsable: ¿estaría dispuesto a pagar más por un producto si con ello se aseguran unas condiciones de trabajo dignas para quiénes lo han realizado?

Y con esa confusa mezcla de Ipads, matrimoniadas y RSC, me acuesto pensando que, mira por dónde, posiblemente el mensaje llegue, por medio del popular intérprete y desde la tablas, a un segmento de la población inalcanzable para los eruditos en la materia. Y me alegro por ello, así como por el giro en la carrera artística del actor vallisoletano y porque a Mara Torres le sigan quedando telediarios.

Más info sobre “Agonía y éxtasis de Steve Jobs”

Anuncios

“No a la venta” o por qué la RSC es necesaria

He tenido la ocasión de volver a ver el documental “No a la venta”, totalmente recomendable para entender por qué es necesario que las grandes empresas introduzcan criterios de responsabilidad social y medioambiental en lugar de guiarse solamente por los beneficios económicos y a corto plazo.

Este trabajo, realizado por el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa en colaboración con la UNED, nos presenta el mundo globalizado en el que vivimos, donde los Estados pierden poder paulatinamente en favor de las grandes multinacionales. No en vano, de las 100 economías más grandes del mundo, 51 son empresas.

La concentración de poder conlleva que unas pocas corporaciones controlen el mundo, con unos Estados sometidos a su antojo ante la amenaza de trasladar sus centros de producción a otros países, dando lugar a una competencia a la baja tanto en requerimientos fiscales como en condiciones laborales y medioambientales. Posición de dominio que está en el origen asimismo de buena parte de los abusos en materia de Derechos Humanos y las catástrofes ecológicas de los últimos tiempos.

Ante la dificultad de revertir esta situación insostenible, diversos expertos ponen de manifiesto la necesidad de crear un marco regulatorio global y señalan los pasos dados en este sentido por organismos internacionales como la ONU, y la manera en que los intereses de estas grandes corporaciones tratan de frenar cualquier tipo de intervención presionando a los Gobiernos. Así pues, la vigilancia y colaboración de la sociedad civil y el poder de un consumidor informado, han de sumarse a la acción de los Estados para exigir a las multinacionales que rindan cuentas de sus actuaciones.

En fin, que os sugiero que lo veáis si no lo habéis hecho ya. Merece mucho más la pena que la gran mayoría de los programas que copan la programación nocturna de la deplorable TDT.

Ver el video

Cuando la ropa desnuda tu reputación

O de cómo la falta de control de la cadena de proveedores puede hacer mucho daño a un mulitinacional. Zara está en el candelero acusada de producir vulnerando los derechos humanos.

En verano el Ministerio de Trabajo brasileño abría una investigación a la marca de Inditex por utilizar mano de obra esclava en tres talleres de costura donde se confeccionaban prendas que después se vendían en sus tiendas. Ayer supimos que el emporio español se había avenido a realizar una inversión de 1,4 millones de euros en acciones sociales en el país, además de acabar con las precarias condiciones de trabajo de las empresas proveedoras.

Aunque los responsables de Inditex negaron cualquier responsabilidad desde el primer momento, y cargaron las tintas contra una de sus empresas proveedoras por violar su Código de Conducta, por subcontratar de forma fraudulenta, lo cierto es que el acuerdo millonario con las autoridades brasileñas viene a ser una “indemnización” con la que Zara quiera zanjar su parte de culpa, no legal, pero si ética.

Sí la suma económica es alta, el daño a la reputación corporativa puede ser igual o mayor. Pues aunque quienes dirigen la multinacional textil gallega han actuado rápido, lo cierto es que el reportaje televisivo del denigrante taller donde trabajadores exhaustos mostraban las prendas con la etiqueta de Zara y la aparición en toda la prensa mundial de noticias en las que la marca se ve envuelta en una agresión contra los derechos humanos han causado un menoscabo a su imagen difícil de reponer.

Inditex seguramente haya aprendido una lección de todo esto. La necesidad de implantar mayores medidas de control en la cadena de proveedores para cerciorarse no solo de que los proveedores cumplen la legalidad vigente en sus países, sino, yendo más allá, las normativas internacionales sobre derechos humanos. Hoy en día, con una producción global y descentralizada, las multinacionales no se pueden escudar en las irregularidades de sus subcontratas. Deben conocer y vigilar en qué condiciones se ha elaborado el producto que después venderá en todas sus fases. De lo contrario, pagarán caro sus errores…