El reto del marketing sostenible

El marketing, herramienta que utilizan las empresas para atraer a su público objetivo hacia su producto, se asocia inevitablemente a consumismo, a creación de nuevas necesidades destinadas a comprar desaforadamente. Por eso cuando se habla de marketing sostenible parece que se unen dos ideas antagónicas,  que no pueden ir juntas en ningún caso. Si la sostenibilidad propugna el consumo responsable para preservar los recursos naturales, reducir, reciclar y reutilizar, el diseño de estrategias para que un producto seduzca al consumidor parece a simple vista incompatible con este concepto.

Desde Responsablemente mantenemos que la responsabilidad social de las empresas, su compromiso con la sostenibilidad, es un elemento de diferenciación en el mercado para las mismas, siempre y cuando sea creíble y se comunique de una forma adecuada. La empresa responsable, que lo es de verdad, tiene toda la legitimidad para dar a conocer lo que está haciendo por mejorar su entorno. Después, cada uno decidirá desde el rol que le corresponde -cliente, empleado, accionista, administración…-  si quiere o no y en qué medida relacionarse con dicha empresa.

Algo similar ocurre con el marketing. Si se hacen productos o se ofrecen servicios sostenibles es para que lleguen al público, ofreciéndole una alternativa de compra más respetuosa con la sociedad y el medio ambiente. Por este motivo no se puede desperdiciar el potencial del marketing como herramienta de posicionamiento en el mercado para este tipo de bienes, pues jugarían  con desventaja respecto a otros productos o servicios de peor valor social o medioambiental.

Esta es una de las conclusiones del libro “La ventaja sostenible“, de Tomás Camarero. El autor sostiene que el gran desafío del marketing es hacer compatible el mundo del placer, del ocio, del entretenimiento con el mundo de la responsabilidad. Señala también que el marketing tiene el reto de hacer que la sostenibilidad se vea como como un mundo deseable que todos queremos compartir.

Pero es que además si un producto contamina menos, sabe mejor, es más saludable, o en su elaboración se han respetado los derechos humanos, ya tiene valor por sí mismo. La función del marketing ha de ser entonces -nada más y nada menos- la de hacer atractivo al gran público lo sostenible.

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Hoy 25N, Día Sin Compras

¿Estás dispuesto a pasar un día sin comprar? Hoy  se celebra Día Mundial Sin Compras (Buy Nothing Day) una iniciativa puesta en marcha en 1992 por el publicista canadiense Ted Dave con el propósito de hacer reflexionar a los consumidores sobre su estilo de vida. Desde entonces esta jornada para la reflexión tiene lugar justo después del día de Acción de Gracias, que supone el pistoletazo de salida para la campaña comercial navideña en Norteamérica.

Diversos colecitvos sociales replicaron la propuesta desde entonces. En nuestro país, dos de las organizaciones más implicadas en este día de “boicot” al modelo de consumo imperante son Ecologistas en Acción y Greenpeace, quienes insisten hoy en la necesidad de reducir el nivel de consumo a la vez que se promueven alternativas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente, ya que el actual modelo, lejos de solucionar la crisis ahondará sus efectos.

Recuerdan además que en un planeta de recursos limitados el consumo no se puede plantear como algo infinito y creciente, a la vez que denunciar las consecuencias del consumo excesivo.

En un comunicado, las organizaciones ecologistas advierten del incremento del consumo de recursos naturales, un crecimiento que ignora la imposibilidad de crecer sin límites en un planeta finito. Denuncian asismismo que ese aumento «no se ha repartido de forma equitativa» ya que «el 20% de la población mundial consume aproximadamente el 80% de los recursos del planeta». Aunque si el modelo se globalizara, harían falta tres planetas Tierra para poder sostener este voraz estilo de vida

En este día, tanto Greenpeace como Ecologistas en Acción entienden que el actual sistema de consumo es injusto, alienante e insostenible y que es una pieza clave de la crisis actual. Apuestan, como solución, por la transformación del modelo de producción, distribución y consumo, así como del estilo de vida de los países del Norte. Además, reivindican un consumo local, justo y ecológico de los productos necesarios. Se trata, por lo tanto, de conseguir un reparto equitativo de la riqueza, y potenciar la creación de alternativas que retomen las relaciones comunitarias de cercanía, el comercio local y estén asociadas a las necesidades reales de las personas. Por eso, el DSC es también una ocasión para visibilizar la problemática asociada al consumismo y la promoción del ejercicio colectivo de un consumo responsable y crítico durante todo el año..