Un banco bueno, como el GIB

España prepara el controvertido rescate de Bankia, glotón del “ladrillo”, cooperador necesario por no decir cómplice del desmantelamiento del Estado del bienestar en nuestro país, entidad regida hasta ayer por el instigador de la cultura del pelotazo urbanístico como motor del ¿desarrollo? económico en nuestro país desde el Ministerio de Economía, el señor Rato. Ironías del destino. Nadie mejor que él refleja lo equivocados que estábamos.

Un modelo absurdo consistente en construir a troche y moche, propagando la idea de que lo que hoy compres mañana lo venderás por el doble. Engañaron a la gente. Porque el señor Rato y otros eminentes economistas patrios que hoy cobran millones de euros como consejeros de cualquier milonga o se cubrieron las espaldas con indemnizaciones y/o pensiones vitalicias inmorales y corrieron a resguardarse antes de que la bomba estallara, sabían que ahora venía ésto. Como sabían que si la cosa se iba al garete el Gobierno acudiría al rescate, y que ni uno ni otros iban a pagar el pato.

En fin, que yo lo que quería era hablar de “bancos buenos”, que también alguno hay. ¿Por qué se medita crear un banco malo y nunca se plantea hacer uno bueno? Como el Banco Verde británico (Green Investment Bank), una iniciativa lanzada hace dos años por los laboristas desde el Gobierno y que han continuado conservadores y liberales. Su objetivo es captar inversión privada para impulsar la transformación del sistema energético hacia un modelo más sostenible. Por ello servirá para financiar proyectos como energía eólica marítima, plantas de reciclaje y procesamiento de residuos, creación de energía a partir de residuos. Un ejemplo de alianza público privada en beneficio de un país consciente de la necesidad de reducir las emisiones de carbono y la dependencia de energías fósiles.

Recordemos que en España, reconocido líder mundial en renovables, el Gobierno decidió al poco de llegar suspender las ayudas para su implantación (que sí recibieron en su momento el resto de energías). Prefirió seguir apostando por la nuclear y buscar petróleo en aguas canarias. Tal vez el dinero “ahorrado” – al parecer gastar en renovables no es una inversión-   se destine a salvar bancos empachados de ladrillo. Mientras, las empresas punteras del sector de las energías limpias, uno de los pocos nichos de empleo en la actualidad, sopesan instalarse en otros países. Siempre nos quedará Bancaja Habitat…

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¿Adivinan a quien votaría Mauricio Colmenero?

Cierto que en España no nos caracterizamos precisamente por ser una potencia en I+D+I. Ni nuestras empresas ni nuestro sector público figuran en las primeras plazas en los rankings internacionales como bien comentan desde Emprendedores. La I+D+I en España da para poco más que ingeniosos perfiles en Twitter como el de mi amigo @SMediaJota (Informando, divirtiéndome, innovando).

No me sorprende en un país que prefiere un ministerio de deportes a uno de investigación y ciencia. Donde los pocos investigadores en nómina tienen un ojo en el microscopio y el otro en las ofertas de trabajo en Alemania, Suecia o Estados Unidos. Allí se encontrarán seguramente con unos cuantos compañeros de facultad.

Una crisis sin precedentes nos asola, con récords en desempleo (olé, aquí si somos los primeros) y la pobreza metiéndose hasta la cocina de cada vez más hogares y los nuevos gobernantes adoptan las viejas recetas que nos llevaron a ella: se suprime la ley de costas, se vuelve a incentivar el ladrillo, se castiga a las energías renovables y se recorta en ciencia (que inventen otros).

En fin, poco se puede esperar cuando el candidato a la presidencia de la comunidad autónoma más extensa -y seguramente con más horas de sol- proclama ante su parroquia de bar Reinols estar “harto de la milonga de la economía sostenible” y que donde esté un buen residencial con pareados y club social que se quiten todas las placas fotovoltaicas del mundo. ¿Adivinan a quién votaría Mauricio Colmenero? Pues eso..