La construcción sostenible llegó para quedarse, ¿y qué hay del precio?

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Si para algo sirven las crisis económicas es para adoptar nuevas pautas de comportamiento y desarrollar modelos más beneficiosos para el conjunto de la sociedad, que no se hubieran planteado con el viento a favor. Como dijo el dramaturgo alemán Bertolt Brecht, “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”.

Los “alumbramientos”  se están produciendo en múltiples ámbitos. En el de la edificación, la decadencia del modelo especulativo ha ido dejando paso o a otro más racional, que contempla el impacto ambiental tanto en los recursos naturales empleados en la construcción como los necesarios para su funcionamiento a lo largo de la vida útil del edificio. Parece claro que en este campo, “lo nuevo”, según la máxima de Brecht, sería la construcción sostenible.

La construcción sostenible realiza un enfoque a largo plazo desde una triple perspectiva ambiental, social y económica.  No solo evalúa el ciclo de vida de un edificio, desde su diseño y construcción, pasando por los materiales utilizados, las necesidades de recursos energéticos para su funcionamiento,  hasta su posterior demolición, sino que, además, persigue objetivos relacionados con el confort y la salud de sus usuarios.

Este patrón será cada vez más frecuente si nos atenemos a las directrices que marca Europa o al consenso global respecto a los retos que plantea el cambio climático ratificado recientemente en la Cumbre de París.

Diversos informes evidencian esta tendencia hacia la sostenibilidad. Según el World Green Building Council, la edificación sostenible se duplicará en dos años, impulsada sobre todo por los países emergentes. Otro estudio revela que los edificios comerciales con certificación de sostenibilidad crecieron en Europa un 64% respecto a 2013,  al albur de las políticas de RSC de las empresas. En ambos casos, los datos se refieren a edificios certificados, es decir bajo la supervisión y aprobación de una tercera parte según unos estándares definidos.

Pero, ¿la construcción sostenible resulta más cara que la tradicional?

Los profesionales del sector afirman que construir verde y con calidad no necesariamente ha de ser más caro.  Coinciden en que puede suponer un pequeño desembolso mayor inicial, pero se amortiza en un periodo breve de tiempo, mediante la reducción del consumo de energía para calefacción o refrigeración así como los gastos de mantenimiento. A largo plazo, sin duda, resulta más barato. Es importante considerar también que, debido a estos atributos de ahorro energético y confort, su valor como activo inmobiliario será más atractivo con el paso del tiempo en relación a los que no los poseen. Por no hablar de otros aspectos que no tienen precio, como los beneficios para la salud y la calidad de vida.

Es difícil determinar cuánto eleva el precio construir un edificio sostenible, pues depende de muchas variables (ubicación, calidades estándar o de lujo, equipamientos, etc).  Desde BREEAM España, señalan que obtener unas calificaciones muy altas bajo su estándar – de origen británico y uno de los más reconocidos a nivel internacional- puede suponer unos costes adicionales de un 2%,  y establecen el retorno de la inversión en un plazo de entre dos y cinco años, por medio del ahorro en consumos energéticos y de agua. Este leve sobrecoste se reduce cuánto más grande sea el edificio. También si el enfoque de sostenibilidad se realiza desde las primeras fases del proyecto.

Desde Green Building Council España señalan que “las estimaciones suelen estar entre un 10 y un 15%, aunque todo depende de la calificación LEED que busques y, sobre todo, de las estrategias que implementes. A veces soluciones domóticas, por ejemplo, ayudan a conseguir un certificado LEED, pero no son las que mayor sostenibilidad aportan y son más costosas que otro tipo de medidas” explica Dolores Huerta, secretario técnico.

Por su parte, Marcel Gómez, consultor ambiental especializado en eficiencia energética y análisis de ciclo de vida, incide en que “una construcción sostenible con un nivel adecuado de calidad no tiene por qué ser más cara. Por ejemplo, limitar la demanda energética, que es la variable que más peso tiene a la hora de medir la sostenibilidad de un edificio a lo largo de su vida útil,  tiene que ver sobre todo con construir bien o mal, no con el precio“.

Precisamente en la eficiencia energética -combinada con un alto nivel de confort- se centra el estándar de origen alemán Passivhaus.  Acorde a sus exigentes requisitos en este campo, al que añaden el uso de materiales naturales ecológicos,  trabajan  empresas constructoras como House Habitat y 100x100madera. “Podemos decir que nuestro modelo de construcción es un 10% más caro, pero alcanzamos la certificación A, mientras que la tradicional consigue una D o una C en el mejor de los casos, por lo que en unos siete años se amortiza esa mayor inversión inicial“, explica Pere Linares, de House Habitat. Desde 100x100madera, Ander Echebarría,  añade que “el aumento de precio no está relacionado tanto con la sostenibilidad como con el sistema constructivo y la calidad de los materiales utilizados. En nuestro caso, que combinamos consumo de energía casi nulo con el empleo de materiales ecológicos y naturales, el precio sí es más elevado que en construcción tradicional. Pero puedes tener una vivienda sostenible sin que suponga un sobrecoste“.

En definitiva, la sostenibilidad es una tendencia clara en el sector de la construcción. Un modelo que ha llegado para quedarse. Y no parece que edificar con criterios social, ambiental y económicamente sostenibles repercuta de forma sensible en el precio, máxime teniendo en cuenta que ese posible mayor gasto inicial se recupera en pocos años.

Por Miguel VegaResponsablemente Comunicación

 

 

 

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5 motivos para optar por una casa de consumo casi nulo

energy-efficiency-154006_1280Si eres de los que piensa que ha llegado el momento de adquirir una vivienda en propiedad, o estás valorando cambiar de casa, te recomendamos que sopeses algunos aspectos relacionados con el gasto de energía en el hogar antes de decidir la opción más conveniente.

En la actualidad, una característica predominante en el sector de la construcción, es la búsqueda de la eficiencia energética, tanto en obra nueva como en rehabilitación. En un contexto en el que abastecer de energía el hogar supone uno de los gastos principales para una familia, y que cada vez ésta es más cara, es lógico tender hacia sistemas constructivos que minimicen el consumo energético. Así, no es extraño que en la incipiente reactivación del sector, los expertos detecten una tendencia hacia la construcción sostenible y eficiente.

Conviene recordar, además, que una directiva de la UE de 2010 establece que en 2020 toda la nueva edificación y la rehabilitación de la existente deberá ser de consumo energía casi nulo (EECN), dos años antes en el caso de los edificios públicos. Una disposición enmarcada dentro del objetivo europeo  20-20-20 que persigue reducir un 20% el consumo de energía primarias, minimizar un 20% sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) y aumentar un 20% las  renovables. El sector de la construcción es clave en que este propósito llegue a buen puerto,  teniendo en cuenta que  supone el 40% del consumo de energía y el 36% de emisiones de CO2.

Ahorro en calefacción y refrigeración

Una casa de consumo de energía casi nulo puede suponer un ahorro en calefacción en invierno y refrigeración en verano de entre el 50 y el 80 por ciento respecto a una construcción tradicional. Si tu idea es comprar una vivienda usada, ten en cuenta que si se ha construido en los años del boom inmobiliario, donde el Código Técnico de Edificación muy permisivo en cuestiones de eficiencia energética, puede que sea un auténtico chorreo de energía. Ocho de casa diez edificios en España lo son. Así que no solo mires el precio de venta, sino los gastos que te supondrá a lo largo de su vida útil tener una temperatura confort en casa. Una mayor inversión inicial puede rentabilizarse en poco tiempo.

“Hipoteca energética”

Lo expuesto va ligado a la denominada “hipoteca energética”: el desembolso económico para mantener el hogar a la temperatura deseada. Un importe que año a año va ganando peso en el presupuesto familiar dados los recurrentes aumentos de los precios de la energía, y que hasta ahora no era valorado como merece a la hora de adquirir una casa. Por ejemplo, entre una vivienda con certificado energético G (la calificación más baja) y otra A (la más alta) para una superficie de 100m2  el ahorro en facturas  supone 2.300 euros al año.

Préstamos en mejores condiciones

Tener una casa eficiente también puede traducirse en una menor cuota de tu hipoteca. Triodos Bank ofrece la “ecohipoteca”, que vincula el diferencial a la eficiencia energética. Cuanto mayor sea ésta, menor será el porcentaje aplicado. Así, si tu casa tiene la letra certificado A+, el más alto,  deberás sumar al euribor el 1,20%;  por un 1’41% si se trata de la letra G (la calificación más baja).

Más valor en el mercado

Como hemos comentado, el coste en energía para la casa es un gasto que cada vez pesa más en el presupuesto familiar. Si en un futuro consideras vender tu casa, obviamente, si éste es es muy alto, el precio de venta será menor en el mercado y también menos atractiva para los posibles compradores. Lo mismo sucederá si te planteas alquilarla.

Respeto al medio ambiente

La escasez de recursos naturales o la contaminación por las emisiones de CO2 producida por el mayor empleo de combustibles fósiles, son por si mismos motivos suficientes para inclinarse por las construcciones EECN. Por tanto, no solo hay que considerar los costes económicos, sino también los sociales.

 

 

Bioconstrucción, la forma ecológica de entender las casas

Cada vez oímos hablar más de bioconstrucción, pero ¿qué significa realmente? Para empezar diremos que el nombre procede de “baubiologie”, término de origen alemán formulado por el profesor Anton Schneider en 1969 para referirse a un concepto global de biología de la edificación. Considera al edificio como un organismo vivo, con el que las personas nos relacionamos. Así, la bioconstrucción se definiría como el estudio de esa interrelación holística entre humanos y el medio donde viven.  “Un arte donde se realiza una simbiosis entre construcción y naturaleza“, según el arquitecto Ángel Martínez.

La bioconstrucción es una forma de construir respetuosa con el medio ambiente, que se adapta al clima de la zona y en la que se utilizan materiales de bajo impacto ambiental,  naturales, renovables, reciclados, reciclables,  y no tóxicos ni en su fabricación ni en su vida útil, por ejemplo la piedra, la tierra o la madera. Integra el ámbito de la construcción con otros aspectos como la ecología, la salud o el bienestar. Propone la racionalidad en la edificación priorizando la sencillez, proporcionando edificios armoniosos con el entorno y las personas que lo habitan. Por ello tiene en cuenta cuestiones como la calidad del aire interior, el aprovechamiento de los recursos naturales disponibles (sol, vegetación, viento…) para disminuir el impacto ambiental y ahorrar energía. Así, con sentido común y aprovechando los recursos disponibles, construyeron sus hogares nuestros abuelos desde tiempos inmemoriales. cob house journal

Si bien estamos más habituados a la piedra o incluso a la madera, existen otros materiales menos conocidos que también se utilizan en bioconstrucción: neumáticos y sacos rellenos de tierra,  superadobe, paja, el tapial (muros de tierra compactada dentro de un encofrado), el adobe o el cob (mezcla de tierra, agua y paja). Mencionar asimismo la arcilla, la cal aérea y el yeso natural para revocos.

En aras de disminuir al máximo el consumo de energía, los aislamientos son fundamentales en este tipo de construcción. Se utilizan  elementos como celulosa, corcho, fibra de madera, cáñamo, algodón o lana de oveja. En cuanto a las pinturas, han de ser ecológicas, elaboradas con materias primas naturales de origen vegetal o mineral, y libres  de sustancias perjudiciales para la salud y el medio ambiente.

Como disciplina ampliamente relacionada con muchas otras áreas, la bioconstrucción es un campo muy extenso, interesante y poco conocido por el gran público. Seguro que en este blog volveremos a hablar de esta forma de construir sostenible y beneficiosa para las personas, con el objetivo de adentrarnos en algunos de sus principios y conceptos.

Miguel Vega/Responsablemente

 

 

 

Cuando la basura huele bien

A quien siga el mundo de lo sostenible es muy difícil que se le haya pasado por alto una de las propuestas más interesantes de los últimos tiempos en este ámbito. Innovación y respeto al medio ambiente se conjugan en la firma de moda Ecoalf, que transforma residuos como redes de pesca, posos de café o neumáticos en ropa y complementos de calidad con un diseño atractivo.

Hace unos días tuve la ocasión de asistir a una presentación de la iniciativa en un encuentro de emprendedores sobre eco-innovación con materiales reciclados. Casualmente, el día anterior había recibido unas zapatillas de la marca que compré en su tienda online. Durante su intervención, Carolina Blázquez, directora creativa de Ecoalf, hizo referencia a los prejuicios que parte del público tiene por el hecho de que la ropa proceda de la basura. Desde mi propia experiencia, lejos de temer que fuera a oler mal -parece que esa creencia no es tan infrecuente como pensamos- sí he de reconocer un cierto recelo a que no fueran cómodas.
Algo que, por otra parte, también me hubiera sucedido de haber adquirido cualquier calzado convencional sin probármelo antes, aunque ligeramente agravado por no saber como iba a ser eso de andar sobre suelas hechas con botellas de plástico. Sin embargo, las dudas se disiparon nada más ponérmelas. Así que ahora además de caminar confortablemente, la satisfacción es doble al saber que han sido confeccionadas a partir de residuos. ¡Triple! porque además me parecen muy chulas.

Mis zapatatillas Ecoalf, realizadas con material reciclado

El “elevado” precio de los artículos, como sucede con otros productos ecológicos y no solo del sector textil, es un aspecto que se le reprocha a la marca. Una de las razones de que éste sea mayor al que acostumbramos a ver en los escaparates de nuestras calles son los costes en innovación, precisamente para obtener de la basura materia prima de buena calidad. No estamos hablando de producción en masa realizada con materiales y procesos convencionales que se pueden encontrar a precio de ganga en el mercado globalizado.

De todos modos si a la ropa que venden las grandes firmas de moda internacionales  le sumáramos los costes medioambientales y sociales que acarrea su cadena productiva, las etiquetas no reflejarían esas cifras que conducen a comprar un prenda mala -en todos los sentidos- cada poco tiempo a otra buena que refleje su valor real cuando se necesite. De ahí que sea más fácil encontrar este concepto en Harrods que en la tienda de la esquina.

Como hay muchos residuos pero escasean los recursos naturales, propuestas de este tipo deberían ser con el tiempo más habituales y aceptadas por un mayor número de consumidores. Esto sucederá a medida que vaya aumentando su concienciación y eliminándose los prejuicios. Porque lo que huele mal no es lo que se hace con materiales reciclados obtenidos de desperdicios recogidos del mar o en un desguace, sino que una camiseta se venda a dos euros.

Miguel Vega/Responsablemente

Calidad y medio ambiente, formación y voluntariado centrarán las políticas de RSC en 2014

Lonely-Tree_White-Yellow-Flowers-Field_Blue-Sky__IMG_3854_cr-580x345La Fundación Adecco acaba de publicar  su  informe Directivos y Responsabilidad Corporativa: una encuesta en la que han participado 150 directores de Recursos Humanos, que arroja conclusiones interesantes en cuanto a previsiones sobre políticas de RSC de las empresas para 2014.

La mitad de los directivos afirma que su compañía mantendrá las acciones en RSC, mientras que un 43% afirma que se verán reforzadas. Sólo el 8% de los encuestados pronostica que disminuirán. La inversión en mejorar la política de calidad y medio ambiente así como la versión en la formación de sus propios empleados  (ambas con un 52%)  serán las estrategias de sostenibilidad más seguidas por las empresas. Por su parte, el 42,9 por ciento de ellas asegura que trabajará durante el año próximo para impulsar la participación de sus trabajadores en las acciones de voluntariado corporativo.

Además, a pesar de que más de una cuarta parte de las empresas (25,9%), no mejorará su inversión en I+D+i, más del 40% de los directivos de las compañías que han participado en el estudio aseguran que sí proyectan un desarrollo “alto” o “muy alto” para la inversión en este área el año próximo. La elección responsable de proveedores (40%) es otro de las áreas de acción principales.  La colaboración público-privada  -sólo un 16,3% reforzará sus relaciones con la Administración- , las ayudas a  entidades del Tercer Sector -21,6%-  y los avances en conciliación -22,6%- serán las herramientas de RSC menos promovidas desde el ámbito empresarial en 2014, una año en el que sólo un 25% de los directores de Recursos Humanos se plantea contratar personas con discapacidad  y un 16% cree que aumentará la plantilla.

La Fundación Adecco considera que este estudio revela que la RSC es la mejor respuesta en tiempos difíciles y el único camino para que una empresa sea sostenible y perdure en el tiempo.  En palabras de su director general, Francisco Mesonero “La Responsabilidad Corporativa no es una varita mágica que obra milagros de la noche al día, pero es la herramienta más eficaz para sortear la crisis y conseguir efectos positivos en un medio-largo plazo. Algunas de las consecuencias colaterales de adoptar un comportamiento responsable son la apertura hacia nuevos mercados con su consiguiente captación de clientes, la mejora de la relación con todos los grupos de interés o el incremento del orgullo de pertenencia. Por ello, es lógico que las empresas apuesten más que nunca por ser responsables”.

Impresiones sobre sostenibilidad en Vietnam

Tráfico en Saigón (Vietanm)

El año pasado retomábamos el blog después de las vacaciones de verano impresionados por la sensibilización medioambiental de  Dinamarca, y en concreto su capital, Copenhague, un lugar envidiable para los que defendemos modelos de ciudad sostenibles y habitables.

En esta ocasión hemos tenido la oportunidad de conocer un caso radicalmente opuesto, el de Vietnam, que ha superado nuestras previsiones sobre el caos circulatorio que nos íbamos a encontrar en sus grandes ciudades. Más aún cuando la primera toma de contacto con el país fue la Ciudad de Ho Chi Minh, la antigua Saigón, la urbe más poblada y con mayor volumen de tráfico. Entrada ya la noche, el ir y venir de motos y el sonido de los cláxones nos introdujeron de golpe y porrazo de camino al hotel en el barrio Trotamundos –el corazón de esta jungla de asfalto- en un paisaje que se repetiría a lo largo de la estancia, banda sonora incluida. ¡Nada que ver con la tranquila y cívica capital vikinga!

Un caos “organizado”, a su manera, pues resulta inverosímil comprobar cómo todo ese enjambre de coches, motos, taxis y bicis que deambulan de un sitio para otro, en no importa qué sentido y dirección, sin ninguna otra norma que no sea abrirse paso poco a poco a fuerza de pitar, consigue avanzar sin chocarse. Eso sí, no hay ni una mala palabra o gesto hacia el resto de conductores. Ni siquiera en las horribles horas punta.

Tráfico en Saigón

Los vietnamitas, gentes con determinación, ingeniosos, avispados, cuya férrea voluntad no consiguieron doblegar ni chinos, ni franceses, ni americanos, tendrán que enfrentarse antes o después a un nuevo reto: el de la sostenibilidad.

Empezando por la movilidad. Únicamente en Saigón hay 6 millones de motos. El transporte público es prácticamente inexistente y sólo se mueven en bici los menores de edad, que todavía no pueden sacarse el carné para conducir el vehículo preferido por los habitantes del “dragón asiático”. El tráfico no deja espacio para el peatón, pues incluso las aceras están repletas de motos aparcadas. Y te juegas el tipo cada vez que quieres cruzar una calle, haya o no pasos de cebra.

¿Y la contaminación que produce ese enorme volumen de tráfico? Vietnam es uno de los diez países del mundo con mayor contaminación del aire. La mascarilla forma parte habitual de la indumentaria de buena parte de los motoristas, sobre todo de las mujeres. Además de las emisiones de gases nocivos, hay que mencionar la contaminación acústica, con todos esos cláxones sonando a cada momento.  Tampoco hay que olvidarse de la siniestralidad.  Algunos datos señalan que unas 10.000 personas fallecen al año en accidentes, 30 al día.

Pero hay que decir también lo positivo en relación con la sostenibilidad.  Los vietnamitas, asolados durante varias décadas por las guerras y la escasez que traen consigo, son expertos en alargar el ciclo de vida y reutilizar los materiales de los que disponen, aplicando todo su ingenio para poder hacer frente a las carencias.

Aprovechan muy bien los abundantes recursos naturales.  Por ejemplo, de las palmeras hacen los sobreros cónicos, símbolo nacional, que les sirve para protegerse tanto del sol como de la lluvia, o como recipiente entre otros usos.

Emplean mucho el bambú, tanto en la construcción de casas, como de barcos, muebles y complementos de hogar, vasijas, cestería… Una típica estampa vietnamita la componen las mujeres que acarrean fruta, arroz u otras hortalizas en una pértiga (de bambú) con dos cestos (de bambú) uno en cada extremo. Nos sorprendió ver andamios hechos con cañas de este resistente material. Además los brotes tiernos de esta planta se utilizan en cocina.

Mujer con sombrero cónico y pértiga de bambú con dos cestos

Mujer vietnamita con sombrero cónico y pértiga con dos cestas de bambú

En pequeños núcleos rurales pueden verse auténticos ejemplos de construcción bioclímática, a base de materiales proporcionados por la naturaleza, que  aprovechan bien la luz, resguardan de las lluvias o de las altas temperaturas, y procuran una ventilación natural.

viviendas en la región montañosa de Sapa

Viviendas entre los arrozales de la las montañas de Sapa

En una fábrica artesanal de caramelos de coco, vimos como utilizaban la cáscara de este fruto como combustible. También su aceite se emplea en cosmética. Y cómo no, su agua, bien fría, sirve para calmar la sed y el calor.

El índigo se utiliza para teñir la ropa de forma natural

El índigo se utiliza para teñir la ropa de forma natural

En Sapa las mujeres de la etnia hmong nos mostraron cómo se obtienen tintes naturales a partir de la planta de índigo que crece junto a los arrozales.  Con la del sándalo, presenciamos en Hue como se  elaboran artesanalmente las barras de incienso. Las sandalias se hacen con el caucho (¡amén de los neumáticos de todas esas motos!).

La dieta vietnamita está basada en el arroz y las verduras, no se consume tanta carne como en los países occidentales, lo que contribuye a preservar el medio ambiente. Por cierto que la cáscara de arroz la usan también como combustible.

Continúa la tradición del ciclotaxi, aunque sea para llevar a turistas. Se utiliza bastante en Hue, ciudad de pasado imperial, más pequeña y manejable. También se prodigan por las 36 calles que conforman los orígenes del núcleo urbano de Hanoi. En Saigón, sin embargo, se han diluido entre el trajín de motos y coches.

ciclo taxi en hanoi

A pesar de que la bicicleta ha sido relegada por el ciclomotor, sobre todo en Hanoi, la capital, pudimos apreciar un buen número de bicis eléctricas. Debería fomentarse mucho más su uso, pues podría convertirse una solución a la movilidad en las grandes ciudades.

Por lo que hemos comentado sobre el tráfico desbordado y la contaminación, largo es el camino hacia la sostenibilidad el que tiene que recorrer Vietnam. Un camino que tal vez deba comenzar por bajarse de la moto.

Moda sostenible: La ropa se puede hacer de otra manera

modasosteniblejornadaEl  sábado asistimos a la II Jornada de Moda Sostenible que organizó Slow Fashion Spain en el muy apropiado recinto del Museo del Traje de Madrid. Una cita que comenzó a las diez de la mañana y finalizó cerca de las nueve de la noche, y sin embargo resultó amena y enriquecedora tanto por su formato como por la calidad de sus ponentes, cuyas intervenciones, cercanas, aportaron información valiosa a los asistentes y lograron transmitir su ilusión y empeño en demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera. Para ser más concretos, la ropa se puede hacer de otra manera.

El día comenzó con Álvaro Gallego, fundador de Blue Hemp, quien demostró cómo generar valor desde lo local a partir de un cultivo 100% sostenible como el cáñamo industrial. A continuación se abordó la innovación en moda sostenible de la mano de  Jeanología, empresa especializada en el acabado del denim, y Equilicua, que con su colección de chubasqueros Fantastic Bioplastic ofrece una alternativa a los impermeables plásticos derivados del petróleo. En la tercera sesión, “Ser inocuo”, el catedrático Nicolás Olea informó sobre las afecciones para la salud que provocan las sustancias químicas que se emplean en la producción de ropa. Entre ellos están los colorantes, que la empresa Rubia natural, realiza con materiales naturales de las plantas.

Antonia Bove, de la cooperativa Teixidors, con una dilatada trayectoria en la moda artesanal y ética. Valores que le permiten diferenciarse y exportar el 62% de sus artículos. Bove comentó por experiencia propia que “lo responsable tiene que ser verdadero” por lo que para Teixidors la comunicación ha de ser sincera.

En la última sesión de la mañana Koopera -moda solidaria y ecológica- Jabones Beltrán -jabones naturales y artesanales para la ropa- y Som Energia aludieron al papel fundamental del consumidor en la sostenibilidad.

La tarde comenzó con las críticas de Albert Sales, activista de la campaña Ropa Limpia, a las empresas transnacionales del sector textil como Zara y H&M por las violaciones de los derechos humanos y laborales que comenten en países en vías de desarrollo. Por su parte, los chicos de Ananda Pascual mostraron cómo se puede hacer ropa en estos países integrando a la población y bajo las normas del comercio justo.

También hubo espacio para experiencias de emprendedoras en el sector como Gloria López, que está trabajando por abrir un hueco a marcas de moda españolas en el mercado estadounidense desde Nueva York; y Kavita Parmar, fundadora de las marcas Raasta y Suzi Wong, ahora embarcada en The IOU Project, que gira en torno al trabajo de creación y confección artesana así como la transparencia y trazabilidad de cada producto. Ambas animaron al público a luchar por llevar la práctica sus proyectos profesionales.

Después las representantes del Instituto Europoe di Design dieron a conocer el proyecto en Perú que va a cristalizar en la marca de ropa ética Las Manuelas.  Precisamente comunicar la actualidad de la moda sostenible y reivindicar sus valores es lo que hace Naturóticas, Ética y Estilo, blog pionero en España en esta temática como explicó una de sus autoras, la periodista Elisabeth Anglarill.

Triodos Bank expuso su propuesta de banca ética, antes de que la jornada concluyera por todo lo alto con Sara del Río, responsable de campañas de Greenpeace, en las áreas de tóxicos, contaminación y residuos quien enseñó los pormenores de la exitosa campaña Detox, por el que conocidas multinacionales del sector textil como Zara, Levi’s o Benetton se han comprometido  a eliminar las sustancias peligrosas de la cadena de suministro de sus productos. Y Francisco Polo, fundador de Actuable y Change.org, plataformas para el cambio social, que no dudó en levantar a un público ya algo cansado y pedirles que hicieran un poco de ejercicio antes de iniciar su motivadora charla sentado encima de la mesa.

Muchos y variados actores en definitiva, relacionados con el sector textil y  con el nexo común de la sostenibilidad, que mostraron sus proyectos y sus ganas de sacarlos adelante pese a los obstáculos -como la poca visibilidad y las dificultades para penetrar y llegar al público con sus productos en el complejo sector textil-  bajo la premisa de construir un mundo más justo y sostenible donde primen las personas y el respeto al medio ambiente.