Cuando la basura huele bien

A quien siga el mundo de lo sostenible es muy difícil que se le haya pasado por alto una de las propuestas más interesantes de los últimos tiempos en este ámbito. Innovación y respeto al medio ambiente se conjugan en la firma de moda Ecoalf, que transforma residuos como redes de pesca, posos de café o neumáticos en ropa y complementos de calidad con un diseño atractivo.

Hace unos días tuve la ocasión de asistir a una presentación de la iniciativa en un encuentro de emprendedores sobre eco-innovación con materiales reciclados. Casualmente, el día anterior había recibido unas zapatillas de la marca que compré en su tienda online. Durante su intervención, Carolina Blázquez, directora creativa de Ecoalf, hizo referencia a los prejuicios que parte del público tiene por el hecho de que la ropa proceda de la basura. Desde mi propia experiencia, lejos de temer que fuera a oler mal -parece que esa creencia no es tan infrecuente como pensamos- sí he de reconocer un cierto recelo a que no fueran cómodas.
Algo que, por otra parte, también me hubiera sucedido de haber adquirido cualquier calzado convencional sin probármelo antes, aunque ligeramente agravado por no saber como iba a ser eso de andar sobre suelas hechas con botellas de plástico. Sin embargo, las dudas se disiparon nada más ponérmelas. Así que ahora además de caminar confortablemente, la satisfacción es doble al saber que han sido confeccionadas a partir de residuos. ¡Triple! porque además me parecen muy chulas.

Mis zapatatillas Ecoalf, realizadas con material reciclado

El “elevado” precio de los artículos, como sucede con otros productos ecológicos y no solo del sector textil, es un aspecto que se le reprocha a la marca. Una de las razones de que éste sea mayor al que acostumbramos a ver en los escaparates de nuestras calles son los costes en innovación, precisamente para obtener de la basura materia prima de buena calidad. No estamos hablando de producción en masa realizada con materiales y procesos convencionales que se pueden encontrar a precio de ganga en el mercado globalizado.

De todos modos si a la ropa que venden las grandes firmas de moda internacionales  le sumáramos los costes medioambientales y sociales que acarrea su cadena productiva, las etiquetas no reflejarían esas cifras que conducen a comprar un prenda mala -en todos los sentidos- cada poco tiempo a otra buena que refleje su valor real cuando se necesite. De ahí que sea más fácil encontrar este concepto en Harrods que en la tienda de la esquina.

Como hay muchos residuos pero escasean los recursos naturales, propuestas de este tipo deberían ser con el tiempo más habituales y aceptadas por un mayor número de consumidores. Esto sucederá a medida que vaya aumentando su concienciación y eliminándose los prejuicios. Porque lo que huele mal no es lo que se hace con materiales reciclados obtenidos de desperdicios recogidos del mar o en un desguace, sino que una camiseta se venda a dos euros.

Miguel Vega/Responsablemente

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Impresiones verdes de unos días en Copenhague

Este verano he tenido la oportunidad de visitar Dinamarca. Más que su pasado vikingo, sus castillos capaces de inspirar al mismísimo Shakespeare o haber podido seguir las huellas de Hans Christian Andersen, lo que me ha cautivado del país nórdico es su envidiable presente y su prometedor futuro, cimentados ambos sobre una premisa fundamental: la sostenibilidad.

Muchos son los países a cuyos mandatarios se les llena la boca al hablar de desarrollo sostenible, de respeto al medio ambiente, de preservación de la biodiversidad, promoción de las energías limpias y un largo etcétera de buenas intenciones. En Dinamarca la preocupación por la sostenibilidad es una hecho fehaciente. En pocos lugares puede palparse una conciencia ecológica tan asentada en el modo de vida de una sociedad, como en el caso de la danesa, que demuestra con hechos y hábitos cotidianos su voluntad de procurarse un entorno más habitable.

Esa inquietud es aún más evidente en la capital, Copenhague, que recientemente ha sido designada Capital Verde Europea 2014 . Una ciudad monumental, con preciosos canales y puerto, abierta y tolerante, en la que conviven más de un millón de personas y donde las bicicletas han relegado a los coches, a un segundo plano. Un 35% de sus habitantes utiliza la bici como medio de transporte habitual y el objetivo es que en 2015 lo haga el 50%.

Estos son algunos de los “ecogestos” que fueron sorprendiéndome durante mi estancia.

La bicicleta, protagonista de la calzada. Nunca había visto tantos kilómetros de carril bici en una ciudad, y además espacioso (no como algunos que se ven por aquí, donde si te cruzas con otra los manillares se chocan). En ciertas calles del centro, ocupaba más que los carriles para vehículos a motor. No es extraño por tanto que Copenhague sea la capital europea con menos contaminación y en la que se disfruta de un aire más limpio (al menos de las que he visitado).

– Productos ecológicos en cualquier tienda y a “buen precio”. Copenhague es una ciudad con un alto nivel de vida y para un español bastante cara. No obstante, se pueden encontrar en cualquier supermercado productos de alimentación ecológicos a precios similares a los convencionales.Incluso los perritos más famosos de la ciudad son orgánicos, así como las patatas, el zumo o los helados que se venden en uno de los puestos del Tívoli (el céntrico y popular parque de atracciones de la ciudad).

Comercio Justo como algo cotidiano. Tampoco es nada raro que el azucarillo del café que pidas en un bar sea de Comercio Justo, o la fruta del desayuno. Incluso pueden encontrarse tiendas de Comercio Justo en las zonas más concurridas de las ciudades, con bastantes artículos que, al cambio, curiosamente, resultan más baratos que en España, por lo que para un danés el precio en este tipo de establecimientos solidarios es bastante conveniente.

Máquina para reciclar envases

Reciclaje de envases. Cada vez que compras una botella de agua  (no sé si en otros envases, supongo que sí, ocurre lo mismo) el precio incluye un plus por el envase, que se reembolsa cuando lo devuelves. En el “super” encontrarás una máquina para depositar tu envase y recuperar el importe.

Energía renovable. La apuesta por las energías limpias se hace patente en el puerto, donde la presencia de molinos de viento domina el paisaje. El gobierno danés se ha propuesto como objetivo que toda la energía que consuma en 2035 proceda de fuentes renovables

¡No hay especulación inmobiliaria! Si bien me contaron que en los últimos años había subido bastante el precio de la vivienda, en los carteles que anuncian la venta de casas los precios son bastante similares a los de España, donde los sueldos son mucho más bajos.

Tolerancia en la Christiania. Hoy mezcla de comuna hippie y atracción turística, esta ciudad libre autogobernada desde los 70′ ubicada en el centro de Copenhague y autodeclarada territorio fuera de la UE simboliza la tolerancia de la sociedad danesa,  en cuya cultura ejerce una importante influencia .

Sin embargo, no todo será de color de rosa en este país cuando también te topas con “indignados” de “mani” hacia el Parlamento reclamando que vuelva la democracia al ritmo del “They dont care about us” de Michael Jackson. Eso sí, ahí sí que eran cinco o seis, y no en las españolas, por mucho que se empeñen los medios de comunicación.