Decrecer para ser más feliz

Existe una vieja creencia muy arraigada que asocia el crecimiento económico con aumentos en la calidad de vida de la población. Esto es cierto cuando se parte de unos niveles económicos bajos, pero no lo es cuando se sobrepasa un determinado umbral de riqueza. A partir de ahí, el crecimiento trae consigo consecuencias perjudiciales como un aumento del estrés de los ciudadanos y de las horas de trabajo, del miedo a perder su estatus o problemas de salud como consecuencia de la contaminación aparejada. Por poner un símil, ¿alguien recomendaría a una persona obesa seguir comiendo más?

Otro argumento que desmonta las tesis de los defensores a ultranza de este modelo económico imperante en la sociedad actual, es el carácter limitado de los recursos naturales necesarios para incrementar la producción, como es el caso del petróleo o el agua. De hecho, actualmente, para satisfacer ese afán de crecimiento estamos robando recursos a las generaciones futuras. ¿Seguiríamos recomendando a esa persona comer más de lo necesario sabiendo que la comida es limitada?

Por lo dicho hasta aquí, es comprensible que el decrecimiento económico tenga cada día más defensores. Decrecer no implica pérdida de bienestar, pues producir, trabajar, gastar y consumir menos no significa vivir peor. Nuestro amigo sería más feliz disminuyendo su ingesta de alimentos.

Entre las claves del decrecimiento se encuentran las siguientes:

Reutilizar: No usar  y tirar

Reciclar:  Dar otra vida a aquello que ya no nos sirve

Relocalizar:  Los procesos productivos para consumir local

Redistribuir: la carga de trabajo. Esto supone acabar con el desempleo

Reducir. El consumo. Abandonar la vieja idea de que ocio equivale a consumo

Revaluar: Nuestras creencias y valores

Está claro que para que esto ocurra es necesario un cambio de mentalidad. Una transformación de los valores que han reinado en los últimos tiempos. Este es el reto. Si lo conseguimos los beneficios serán infinitos.

Para saber más sobre decrecimiento: Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid

Por Estela Álvarez, licenciada en ADE

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Hoy 25N, Día Sin Compras

¿Estás dispuesto a pasar un día sin comprar? Hoy  se celebra Día Mundial Sin Compras (Buy Nothing Day) una iniciativa puesta en marcha en 1992 por el publicista canadiense Ted Dave con el propósito de hacer reflexionar a los consumidores sobre su estilo de vida. Desde entonces esta jornada para la reflexión tiene lugar justo después del día de Acción de Gracias, que supone el pistoletazo de salida para la campaña comercial navideña en Norteamérica.

Diversos colecitvos sociales replicaron la propuesta desde entonces. En nuestro país, dos de las organizaciones más implicadas en este día de “boicot” al modelo de consumo imperante son Ecologistas en Acción y Greenpeace, quienes insisten hoy en la necesidad de reducir el nivel de consumo a la vez que se promueven alternativas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente, ya que el actual modelo, lejos de solucionar la crisis ahondará sus efectos.

Recuerdan además que en un planeta de recursos limitados el consumo no se puede plantear como algo infinito y creciente, a la vez que denunciar las consecuencias del consumo excesivo.

En un comunicado, las organizaciones ecologistas advierten del incremento del consumo de recursos naturales, un crecimiento que ignora la imposibilidad de crecer sin límites en un planeta finito. Denuncian asismismo que ese aumento «no se ha repartido de forma equitativa» ya que «el 20% de la población mundial consume aproximadamente el 80% de los recursos del planeta». Aunque si el modelo se globalizara, harían falta tres planetas Tierra para poder sostener este voraz estilo de vida

En este día, tanto Greenpeace como Ecologistas en Acción entienden que el actual sistema de consumo es injusto, alienante e insostenible y que es una pieza clave de la crisis actual. Apuestan, como solución, por la transformación del modelo de producción, distribución y consumo, así como del estilo de vida de los países del Norte. Además, reivindican un consumo local, justo y ecológico de los productos necesarios. Se trata, por lo tanto, de conseguir un reparto equitativo de la riqueza, y potenciar la creación de alternativas que retomen las relaciones comunitarias de cercanía, el comercio local y estén asociadas a las necesidades reales de las personas. Por eso, el DSC es también una ocasión para visibilizar la problemática asociada al consumismo y la promoción del ejercicio colectivo de un consumo responsable y crítico durante todo el año..